¿Me pregunto porque tengo que ser tan obsesiva con la pintura? Me gustaría juntar un portafolio y buscar una galería, pero, ¿Porque tengo que empujarme a mantener algún calendario-horario que no existe? ¿Por qué estoy luchando con los cronos? El tiempo es mi aliado. Quiero aprender a flotar como un corcho en el río.
Conociendo mis limitaciones me hace sentir segura y puedo concentrarme en mi propia vida.
Mi tiempo está lleno de conflictos obvios, sus ilusiones porque no me ve como soy, si no más como quiere que sea. No tengo un estudio ni taller, es difícil pintar así. Busco la armonía pero chocamos en la convivencia.
Hoy es uno de esos días cuando me escapa el tiempo. Estimulada y sobre-estimulada, quizás. Durante años no podía ver más allá que la repetición de mis traumas de la infancia. Me daba envidia escuchar a otros hablar con cariño de su pasado. Ahora el tiempo me ha traído el mismo lugar en la montaña, ya he cruzado el cima; aquí estoy de pie, echando un vistazo atrás con mis lamentos dulces.
Ya he montado un estudio nuevo en el salón. No puedo esperar a que llegue una habitación propia. Trabajo con Las Montañas Alayos y los toreros y capas.
Flotando como el corcho en el río. Perdidas. Más gente se ha ido.
El verano comienza y las criaturas corren. La muerte está siempre a la vuelta de la esquina. Me da miedo un pequeño ratoncito que se ha metido debajo del sofá. Estoy explorando el espacio alrededor de la cabeza y utilizando barnices y la espátula.
Vamos a una capea en un pueblecito sureño. Dormimos en una cama polvorienta encima de los establos. Bebimos mucho vino de la tierra en una bodega, los españoles cantan flamenco y recitan poesía. Estoy leyendo Nueve Semanas con Van Gogh y Gauguin.
Mi perra y gato posan todo el día. Discuten por mi atención mientras proclamen su inocencia.
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